Amor incondicional

13:59 Aitana 2 Comments

A quien lo quiera leer... Esta semana ha hecho un año desde que adopté a Beltza, y claro, ¿por qué no escribir sobre eso? Tras un año, puedo decir que seguramente haya cometido muchos errores y otros tantos aciertos al tratar de entrenar a mi perro.

Desde que tengo memoria he querido tener un perro, obviamente cuando uno no es consciente de lo que pasa a su alrededor quiere una raza de perro específica, en mi caso, siempre han sido los Buldogs Franceses y quería llamarlo Stitch, ¿No os recuerda esa raza al adorable dibujo animado de Disney? A pesar de que a mis padres les gusten los perros de toda la vida, siempre me negaban mi más preciado deseo, tener un perrete. Haaaaaasta que llegó un maravilloso día 29 de octubre del 2014, cuando mi madre me dijo que había estado hablando con mi padre y que ya me veían lo suficientemente responsable (no sé yo...) como para tener un perro. Y así comenzó esta aventura.

El día 30 de octubre del 2014, tras el notición del día anterior, nos fuimos a la Granja de Labayru, que era una de las paginas que era una de las paginas donde habíamos estado mirando perros para adoptar. Realmente no sé ni como me podía mantener de pie de lo nerviosa que estaba, pero ahí estaba delante de muchas jaulas con cachorros preciosos y adorables perrillos de 2 meses, que te miraban con cara de “jo, Aitana, llévame contigo, escogeme a miiiii”. Pero en ese momento mi madre tuvo un momento de lucidez y me dijo que era mejor coger un perro algo mayor, ya que esos son los que tienen más complicado ser adoptados. Y yo, que me daba igual la edad, acepte, nos pusieron a mi madre, a mi padre y a mi, delante de una cristalera con 7 perros de unos 6 meses mirándonos y me quisieron hacer escoger a mi, ¡JÁ! ¿A mi? Entre que yo no podía quedarme solo con uno y que ni mi padre ni mi madre se ponían de acuerdo a cual coger, todavía no sé como conseguimos quedarnos con Beltza, la cosa es que nos quedamos con él.





No quisimos llevarnos a Beltza ese mismo día ya que habíamos ido al centro en metro y no era plan de llevarnos a un perro miedoso de esa manera. Así que esperamos al día siguiente para recogerlo en coche. Cuando llegó ese día, en la clínica del centro nos dijeron que teníamos que limpiarle las orejas, ya que las tenía un poco sucias, pero que estaba perfecto de salud (meeeeeec, ¡error!). Compramos todo lo necesario para el perro, ya sabéis, cama, comida, bebedero y comedero... y nos llevamos a Beltza a casa en su cama.

En los primeros días de estar por casa nos dimos cuenta de que era un perro muy asustadizo y que tenía miedo, no solo a las personas sino también a otros perros. Le llevamos a un veterinario que hay al lado de casa y allí nos dijeron que no solo tenía las orejas sucias sino que tenía una infección de oídos de aúpa, además de catarro con algo de fiebre (vaya, no estaba tan perfecto de salud como nos dijeron...). Por esto, no pudimos vacunarlo. Sin estas vacunas, el perro no podía salir a la calle ni juntarse con otros perros que no conociésemos. Mal, porque no aprendía a socializarse con otros canes, pero mis vecinos tienen dos perros y podíamos juntarle con ellos y mira, pues ni tan mal ¿sabes?

Poco a poco se recuperó, lo vacunamos y ya por fin comenzó a hacer vida normal y hasta ahora (y que dure mucho más porfaplis). Y hoy por hoy, no sé que haría sin este perro, es cierto que mi vida ha cambiado mucho desde que lo tengo, ya no puedo hacer todo lo que quiera ya que tengo una responsabilidad con él, pero creo que merece la pena pasar por ese “inconveniente” solo por ver lo contento que se pone cuando llego a casa, ver como me hace caso, sentir su cariño... La verdad es que un perro da más cosas de las que quita y en serio, cada día me convenzo más de que el amor de mi vida es mi perro.





A quien lo quiera leer... Esta semana ha hecho un año desde que adopté a Beltza, y claro, ¿por qué no escribir sobre eso? Tras un año, pue...

2 comentarios:

  1. Es un miembro más de la familia y cuando estés lejos, lo echarás de menos

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  2. Que bonito, los animales siempre aportan cosas buenas y nunca te defraudan. Se vuelven muy importantes, incluso mas que las personas, entiendo todos tus sentimientos hacia tu perrito.

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